Nacida en Barcelona en 1872. Hija de un matrimonio de la burguesía catalana, se casó con Narcís Verdaguer, un abogado y político catalanista, a través de quien pudo entrar en los círculos intelectuales y políticos de la ciudad.

Mujer fuerte y emprendedora, propuso la creación de una biblioteca para mujeres trabajadoras el 1909: la primera Biblioteca Popular de la Mujer de Europa. Tal fue el éxito del espacio, que un año más tarde creó el Instituto de la Cultura de Mujeres, un centro pionero en su época que ofrecía conferencias y clases sobre temas tan diversos como feminismo, taquigrafía, costura, delineación o educación física. Las clases eran comparables a las de la universidad -donde las mujeres aún no tenían acceso- y incluían materias técnicas o científicas que hasta entonces no habían estado a su alcance.
Mujer emprendedora inspirada en el trabajo del feminismo reformista con raíces católicas, fundó junto con la Junta de Damas Cooperadoras la Biblioteca Popular de la Mujer del barrio de San Pedro de Barcelona.

El rector de la parroquia de Santa Ana, Ildefonso Gatell, le propuso dirigir la biblioteca parroquial de carácter caritativo llamada Obra de Buenas Lecturas, haciendo además un donativo de 100 libros y 500 pesetas para ponerla en funcionamiento. La biblioteca se inauguró el 28 de marzo de 1909 y la propaganda enfatizaba muy especialmente que se trataba de una biblioteca “de entrada libre para todas las mujeres”, dejando bien claro que estaba pensada para el público femenino, independientemente de su condición social.
Fue la primera biblioteca para mujeres de toda Europa que ofrecía a las mujeres trabajadoras el acceso a la cultura, a la formación y a la información. Se daban clases de feminismo, corte y confección, cocina, cálculo mercantil, dactilografía, aritmética, gramática en varias lenguas, taquigrafía y educación física. La institución fue creada, gestionada y dirigida por mujeres y llegó a tener bar y restaurante, permitiendo a las mujeres disfrutar de una libertad absolutamente insólita en la época.5
Con la proclamación de la República se implicó en la vida política: participó en las campañas a favor del voto femenino (1931), se hizo cargo de la organización femenina de la Liga Regionalista (1932) a petición de su amigo Francesc Cambó, y fue una de las primeras mujeres que se presentó como candidata en unas elecciones, las municipales de 1934, a pesar de que no salió elegida.
Entre 1935 y 1936 sacó adelante la revista Claror, portavoz del reformismo feminista propugnado por el Instituto de Cultura y Biblioteca Popular de la Mujer, donde firmaban mujeres de gran prestigio como Rosa Sensat, Lola Anglada, Aurora Bertrana o la propia Francesca Bonnemaison.
