Nacida en Málaga, pasó a la historia como la primera mujer española en ingresar en el Colegio de Abogados, tras trasladarse a Madrid, donde realizó sus estudios universitarios en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de la capital y lograr el doctorado en 1924.

En 1906 ingresó en la Escuela de Magisterio de Málaga, donde recibió la influencia feminista de manos de dos profesoras; Suceso Luengo y Teresa Aaspiazu.

A su llegada a Madrid en 1917, se instaló en la Residencia de Señoritas de Madrid, dirigida esos años por María de Maeztu, cuya personalidad influyó mucho en la carrera y pensamientos de Victoria.

En 1931 también consagró su nombre en la historia de nuestro país al convertirse en la primera mujer en participar en un consejo de guerra, al juzgarse al Comité Revolucionario Republicano, en el que Kent asumió la defensa de Álvaro de Albornoz. Ese mismo año, fue elegida como diputada en la coalición republicana-socialista en las Cortes Republicanas Constituyentes de Madrid y posteriormente nombrada como Directora General de Prisiones en el gobierno de Niceto Alcalá Zamora, cargo que en el que también fue la primera mujer en ejercerlo.

En 1936 fue elegida nuevamente como diputada por Jaen en las listas de Izquierda Republicana, integrada en el Frente Popular.

Pero la historia quiso que pasara a la historia por su enfrentamiento verbal en la Cortes con la también diputada Clara Campoamor. El debate de la ley del sufragio femenino, del que Victoria Kent era contraria y Campoamor defendió a ultranza, significó uno de los episodios más recordados del siglo XX en España. Kent defendió su posicionamiento: «Creo que no es el momento de otorgar el voto a la mujer española. Lo dice una mujer que, en el momento crítico de decirlo, renuncia a un ideal. Quiero significar a la Cámara que el hecho de que dos mujeres se encuentren aquí reunidas opinen de manera diferente, no significa absolutamente nada, porque dentro de los mismos partidos y de las mismas ideologías, hay opiniones diferentes (…). En este momento vamos a dar o negar el voto a más de la mitad de los individuos españoles y es preciso que las personas que sienten el fervor republicano, el fervor democrático y liberal republicano, nos levantemos aquí para decir: es necesario, aplazar el voto femenino (…). Señores diputados, no es cuestión de capacidad; es cuestión de oportunidad para la República (…). Pero hoy, señores diputados, es peligroso conceder el voto a la mujer».

Kent se opuso a conceder el voto femenino en ese momento al pensar que las mujeres no estaban preparadas para ejercer el voto; consideraba que necesitaban formación para alejarse de la influencia de la Iglesia y de las clases conservadoras. A su parecer la concesión del voto a las mujeres en esa época daría a la derecha un triunfo seguro en las urnas.

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